
Es por vuestra seguridad. Así lo justificaron desde el principio. La vida es demasiado peligrosa y vosotros sois demasiado débiles para entenderlo, para defenderos. Siempre habrá alguien que os quiera hacer daño. Se aprende con dolor, se crece con dolor, se pare con dolor. Es mejor así. Aquí nadie podrá tocaros. Tocarnos. Tocar pasó a ser un verbo con connotaciones negativas como lo fue después salir, arriesgar, meterse en líos, comer, beber, besar, vivir, morir. Todo lo real dejó de serlo para dejar paso a placebos de sentimientos, de momentos, de realidad. Algunos intentaron salir. Algunos lo consiguieron y volvieron con las rodillas despellejadas, con jirones de sentimientos rotos y sin embargo felices, triunfantes por su hazaña. Desaparecieron, los desaparecieron.
Los demás permanecimos bajo aquella seguridad impuesta, aquel limbo sin pecado y acabamos acostumbrándonos. Empezaron por decirnos qué debíamos comer, qué debíamos creer, a que velocidad debíamos conducir, cuantas copas debíamos tomar, cuantas horas había que trabajar, cuantos hijos concebir… así empezó. Luego ya no nos dejaron hacer nada para evitarnos riesgos innecesarios.
Ahora estamos bien. Estamos en el mejor de los mundos, siempre en primera clase, estamos aunque no seamos. No nos dejan decidir nada, así que de nada somos responsables. Y ellos eligen por nosotros, por nuestra seguridad.
Los demás permanecimos bajo aquella seguridad impuesta, aquel limbo sin pecado y acabamos acostumbrándonos. Empezaron por decirnos qué debíamos comer, qué debíamos creer, a que velocidad debíamos conducir, cuantas copas debíamos tomar, cuantas horas había que trabajar, cuantos hijos concebir… así empezó. Luego ya no nos dejaron hacer nada para evitarnos riesgos innecesarios.
Ahora estamos bien. Estamos en el mejor de los mundos, siempre en primera clase, estamos aunque no seamos. No nos dejan decidir nada, así que de nada somos responsables. Y ellos eligen por nosotros, por nuestra seguridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario