martes, 8 de julio de 2008

Helio



Las almas están hechas de helio. Si lo sabré yo…yo, que siempre fui un tipo formal, que cumplí siempre con lo que se esperaba de un hombre como yo…
No mejor ni peor que otro, pero hombre. Como hombre defendí mi honra cuando fue necesario, sin mariconadas, a hostia limpia. Como hombre traté a mi mujer, sin paños calientes, ella en su sitio y yo en el mío. Por eso me jode aún más si cabe esta situación. Aquella noche en la que defendía mi honor, la hija de puta me clavó un cuchillo en el pecho y me mandó al otro barrio, o al menos eso pensé yo.
Pero resulta que no, que uno no se marcha al cielo o al infierno como dios manda, no; se transforma en helio y queda volando por ahí, indefenso ante cualquier soplo de aire o lo que es peor, ante la codicia humana, que por ganar unos duros es capaz de embotellarte y venderte al primer feriante que le pague lo establecido.
Ahora ya ven, yo, que he sido toda la vida un hombre de los que se visten por los pies, ando volando por los cielos, constreñido por un trozo de plástico que, para más cojones, tiene forma de mariquita.

miércoles, 11 de junio de 2008

Ropa Tendida


Ropa sucia. Ropa lavada. Ropa tendida. Ropa seca. Ropa planchada. Su vida podría haberse resumido en esas cuatro frases hasta hace unos meses. Inclinada sobre la tabla, compartiendo espacio con los animales a la hora de la vacada. Enjabonando, frotando, golpeando, aclarando, escurriendo. Su reflejo en el agua le devolvía la imagen de una chica joven, guapa. Así debió verla el Señor cuando decidió llevársela a la capital, a la casa grande, con la promesa de una vida mejor –se acabó lavar, se acabó trabajar como una mula, ya verás que todo allí son comodidades- le dijo mientras posaba la mano sobre su cadera haciendo sombra por primera vez a su honra. Y allí se fue.

Ahora mira la piscina, llena hasta el borde de agua azul. Sí que ha cambiado su vida. Ahora se siente sucia, pero lo único que ha lavado en los últimos días ha sido el cuchillo con el que le cortó la garganta antes de tirarlo al agua. Un automóvil para en la puerta. Es la policía. Mira a la señora y ella le hace un gesto: Hay ropa tendida.

No dicen nada.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Héroes

Siempre me gustó coleccionar héroes. Ya de pequeña guardaba sus imágenes en álbumes, en carteles, en cromos y recortes. Me volvía loca Roberto Alcázar, siempre acompañado de Pedrín en los tebeos de mi hermano. Eran héroes los príncipes azules que socorrían a las damas en peligro, los cazadores que le abrían la tripa al lobo para sacar a caperucita, los soldados americanos que ya entonces liberaban países y niñas de ojos rasgados de la opresión de los suyos, los caballeros medievales y los gladiadores de las películas de romanos. Me gustaban Batman, el Hombre Araña y Superman, todos ellos siempre dispuestos a salvar a la chica, a su chica que a veces era un poco torpe y siempre demasiado curiosa. Como les pasa a todas las niñas, mi primer héroe real, de carne y hueso, fue papá. Él me salvaba de los fantasmas, de las avispas, de las anginas, de todo aquello que me daba miedo a esa edad. Fue mi favorito durante mucho tiempo. Años después le denuncié por abusos. Sé que eso está muy feo, pero qué quieren, la única forma de conocer a un héroe nuevo es que haya un malvado del que deba salvarte. Y a mi me gusta coleccionar héroes.

viernes, 9 de mayo de 2008

Es por vuestra seguridad


Es por vuestra seguridad. Así lo justificaron desde el principio. La vida es demasiado peligrosa y vosotros sois demasiado débiles para entenderlo, para defenderos. Siempre habrá alguien que os quiera hacer daño. Se aprende con dolor, se crece con dolor, se pare con dolor. Es mejor así. Aquí nadie podrá tocaros. Tocarnos. Tocar pasó a ser un verbo con connotaciones negativas como lo fue después salir, arriesgar, meterse en líos, comer, beber, besar, vivir, morir. Todo lo real dejó de serlo para dejar paso a placebos de sentimientos, de momentos, de realidad. Algunos intentaron salir. Algunos lo consiguieron y volvieron con las rodillas despellejadas, con jirones de sentimientos rotos y sin embargo felices, triunfantes por su hazaña. Desaparecieron, los desaparecieron.
Los demás permanecimos bajo aquella seguridad impuesta, aquel limbo sin pecado y acabamos acostumbrándonos. Empezaron por decirnos qué debíamos comer, qué debíamos creer, a que velocidad debíamos conducir, cuantas copas debíamos tomar, cuantas horas había que trabajar, cuantos hijos concebir… así empezó. Luego ya no nos dejaron hacer nada para evitarnos riesgos innecesarios.
Ahora estamos bien. Estamos en el mejor de los mundos, siempre en primera clase, estamos aunque no seamos. No nos dejan decidir nada, así que de nada somos responsables. Y ellos eligen por nosotros, por nuestra seguridad.

martes, 29 de abril de 2008

Promesas


Lo malo de ser una niña que promete mucho es que te pasas la vida intentando cumplir las expectativas. Así, aprendí a leer pronto simplemente por el placer que mostraban mis padres al compartir con la familia y los vecinos mis avances. Recitaba de corrido cosas que no entendía porque entender no tiene mérito, escribía con una letra menuda y redonda cosas que no tenían demasiado sentido porque escribir lo que se siente no está demasiado valorado. Aprobaba con nota los exámenes, me comportaba como una personita mayor y sonreía y callaba porque descubrí que eso me hacía parecer interesante. Llegué a la adolescencia sin demasiados problemas y si me dejé magrear la primera vez fue para no desbaratar las expectativas de aquel patán que decidió que mi cuerpo era lo único de mí que podía tener interés. Desde entonces, sigo intentando cumplir las expectativas puestas en mí. Me he convertido en una mujer como quien se convierte en un interrogante, en un puzzle. Nadie sabe, ni yo sé que hacer para encajar. Me he dado cuenta tarde de que nunca conseguiré cumplir los pronósticos. No dije nunca nada original, nunca escribí sobre lo que realmente sentía, y aunque soy capaz de follar como nadie, sigo sin soportar el olor de los patanes que piensan que mi cuerpo es lo único de mí que puede tener interés, así que siempre acabo vomitando. Mi médico no se decide entre la anorexia y la bulimia, mi editor me pide que explore nuevos temas mientras pierdo enteros en el mercado de las escritoras noveles y mis amantes han decidido follarme con la luz apagada para no ver las lágrimas que me corren por las mejillas mientras intento disimular las arcadas. Sólo en algo he avanzado: ahora que ya sé que nunca podré cumplir las expectativas, me siento más relajada y ya no me da por pellizcarme hasta hacerme sangre en los costados. Pero no prometo nada.

viernes, 25 de abril de 2008

Sombras


Hay veces que la verdad duele. Hay días en los que del mundo sólo querría las sombras que se proyectan en la caverna aún sabiendo que son eso, sombras.

Recuerdo que cuando era niño, los días despejados procuraba adelantar a mi padre en nuestros paseos familiares de forma que la sombra de mi silueta llegara más lejos que la suya.

-Mira, papá, ¡soy más alto que tú!. ¡Te he ganado! Yo soy ahora el más mayor, el más grande.

Mi padre sonreía y se dejaba adelantar, incluso parecía encoger a propósito un poco más su sombra, dibujada en la acera de camino a casa.

Ahora, cuando paseo con mi padre, es su sombra la que se alarga. Le dejo avanzar unos pasos, pocos, camino a la residencia, para que su silueta sobrepase la mía, para que él sea el mayor, el más grande. Y no, no es para sentirme de nuevo un niño, sólo quiero ver si así él es capaz de recordar que es mi padre.